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¿Por qué cultivar una actitud científica?

Natalia Chacón Natalia Chacón


 





“No debemos creer a los muchos que dicen que sólo se ha de educar al pueblo libre, sino más bien a los filósofos que dicen que sólo los cultos son libres.”


Epicteto, Discursos[1]

 

 




Con esta frase abre el capítulo 21, El camino de la Libertad, del libro El Mundo y Sus Demonios de Carl Sagan. En este libro, Sagan nos invita a buscar más allá de la de la alfabetización y la escolaridad, nos invita a pensar en las consecuencias que puede tener  promover una sociedad en la cual las personas tienen interés en  la exploración científica y mantienen una actitud crítica hacia cualquier figura de autoridad, como los investigadores, intelectuales, políticos o religiosos.

 

Los avances científicos y el pensamiento crítico tienen una cosa en común: incomodan. Está en su naturaleza enfrentar lo que se da por hecho o lo que se defiende como verdad. En las sociedades donde no existe una actitud abierta al diálogo, las ideas suelen convertirse en peligros o insultos. La  ausencia de una actitud científica nos lleva al camino de la censura y a la tiranía de las tradiciones y las costumbres.

 

Cultivar una actitud científica importa ya que es un compromiso con la libertad. Sagan escribe que “Las ideas nuevas, los inventos y la creatividad en general son siempre la punta de lanza de un tipo de libertad: una rotura de limitaciones y obstáculos. La libertad es un requisito previo para continuar el delicado experimento de la ciencia”[2] Y es que no sólo las consecuencias materiales y tecnológicas de los avances científicos importan, el  cultivar una actitud hacia la libertad para transmitir y divulgar ideas entraña  un valor. En la medida en que compartimos ideas y descubrimos nuestro ambiente, comenzamos a conocernos mejor a nosotros mismos y a reflexionar sobre los efectos de nuestras acciones. Ahí reside el valor de la actitud científica.

 

Las consecuencias que puede tener una actitud científica permean nuestras relaciones sociales, nuestras decisiones económicas o políticas. La premisa de la libertad, en la cual se basa la actitud científica, tiene un valor social ya que el compromiso con la libre transmisión de ideas también es un compromiso por el respeto  a los proyectos de vida de los demás.[3] Tiene un valor humano ya que nos ayuda a comprender que todos cometemos errores y tenemos información limitada sobre nuestro ambiente. Tiene un valor económico ya que nos enseña que la cooperación descentralizada y voluntaria tiene mejores consecuencias materiales que los esquemas coercitivos y planificados por unos cuantos.

 

Cultivar la actitud científica es probablemente la misión educativa más importante para nuestras sociedades, en particular para América Latina, donde su ausencia frustra la innovación, el emprendimiento y el empoderamiento de las personas. Todos podemos contribuir a esta misión si comenzamos a reconocer el valor intrínseco de la libertad.



 

Por Natalia Chacón

 

Ingeniera forestal y estudiante de licenciatura en Comercio de Productos Forestales de la Universidad Nacional de Costa Rica. Colabora en Ideal Latinoamérica.


*Ensayo escrito en el marco de la Escuela de Verano de Libertad y Desarrollo realizada en Guanajuato, México en julio de 2017.

 




[1]Epiceto (55-135 e.c) fue un filósofo griego de la escuela estoica que vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Sus enseñanzas se conservan en dos libros Enchiridion y Discursos, editados por su discípulo Flavio Arriano.

[2] Sagan Carl, 1995, El mundo y sus demonios, p. 439.

[3] La frase el respeto a los proyectos de vida de los demás es la motivación de la Escuela de Verano Libertad y Desarrollo que organiza la Universidad de Guanajuato en la cual estuvo inspirado este ensayo.

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