La movilidad en tiempos de deterioro ambiental

Opinion05.06.2019Oscar Ruiz Priego
Tráfico en CDMX

El deterioro ambiental es cada vez más evidente, lo podemos ver en la basura plástica que llega a lugares impensados[1], y lo podemos sentir en el aumento de las temperaturas en la mayoría de las ciudades del planeta a causa de los gases de efecto invernadero[2]. Hay mucha evidencia que apunta a que las actividades humanas están detrás de este deterioro[3].

En un mundo de más de 7 mil millones de personas, cualquier actividad masiva puede convertirse en un problema para el planeta, sobre todo si esta actividad se hace de manera ineficiente e irracional. Por ejemplo, el transporte o la movilidad de las personas es una actividad necesaria, la llevan a cabo miles de millones de personas diariamente y en muchas ocasiones se hace de manera ineficiente en automóviles. En 2015, casi mil millones de vehículos de pasajeros operaban en todo el mundo[4].

Para muchas personas, transportarse en su coche es un hábito que se lleva a cabo cotidianamente y sin mucha reflexión, sin embargo, esta actividad es ya una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero, los cuales están muy ligados al calentamiento global.  ¿Por qué una actividad tan dañina para el planeta es tan popular?

Cualquier actividad humana tiene costos asociados, los cuales, la mayoría de las veces, son cubiertos directamente por quien lleva a cabo la actividad. Sin embargo, también hay costos que el consumidor principal no percibe y eventualmente son absorbidos por la sociedad. A estos costos no percibidos se les llama, en el argot economista, externalidades.

Si los beneficios de llevar a cabo la actividad son mayores a su costo, es muy probable que la actividad se haga. Si los costos son más altos que los beneficios, es más probable que no llevemos a cabo la actividad. Por ejemplo, los costos de ser propietario de un automóvil (combustible, estacionamiento, precio del automóvil) parecen no competir contra los beneficios que ofrece; comodidad, flexibilidad, rapidez y disponibilidad inmediata. Mientras tanto, los costos sociales, que son cada vez más altos, se mantienen imperceptibles para la población. Viéndolo de esta manera, es natural que en uso del automóvil sea una actividad masiva.

Para controlar el impacto de actividades dañinas para la sociedad, éstas deben de reflejar su verdadero costo, este costo debe de ser tanto el percibido por el beneficiario directo como el costo social asociado.

¿Cómo lograr eso?

En el caso del automóvil, los cargos por congestión e impuestos verdes, como la tenencia, son una buena manera de hacerlo. Así, el costo de mitigar los impactos de nuestras actividades es percibido y asumido por todos, esto ayuda a que nuestras actividades se lleven a cabo de manera más racional sin depender de la buena voluntad o educación de las personas. Nos permite además tomar mejores decisiones sin coartar nuestra libertad.